13:17h. Sábado, 18 de Noviembre de 2017

FESTIVAL INTERNACIONAL

Los Músicos de su Alteza y la soprano Olalla Alemán traen el barroco español de José de Nebra junto a los compositores italianos y franceses de su época

El Festival Internacional de Santander presenta dos citas con Los Músicos de su Alteza junto a la soprano Olalla Alemán dentro del Ciclo Marcos Históricos.

Olalla Alemán
Olalla Alemán

El Festival Internacional de Santander presenta dos citas con Los Músicos de su Alteza junto a la soprano Olalla Alemán dentro del Ciclo Marcos Históricos.
‘Suavidad el aire inspire’ es el título del concierto que ofrecerán este jueves, 24 de agosto, en la Iglesia de San Julián y Santa Basilisa, en Isla (20:30 horas), y el viernes en la Iglesia de Santa María, en Castro Urdiales, a partir de las 21:00.
Las citas cuentas con la colaboración de los Ayuntamientos de Arnuero y Castro Urdiales.
José de Nebra es uno de los más relevantes compositores españoles, no sólo del siglo XVIII sino de todas las épocas. Y resulta difícil comprender la obra del autor aragonés sin conocer el influjo que en ella tuvo la música de algunos maestros extranjeros, cuyas composiciones sin duda conoció. A él le dedican el concierto Los Músicos de su Alteza, un grupo de referencia en la recuperación e interpretación de la música barroca, y la soprano Olalla Alemán, que combina su faceta como intérprete con su labor de investigación musical.

El púbico podrá escuchar dos obras atribuidas a José de Nebra: una Salve que parece identificarse estilísticamente con las maneras de algunos compositores de la generación anterior, en particular José de Torres, bajo cuyo magisterio de la Real Capilla de Madrid comenzó Nebra a trabajar como organista en dicha institución; y una hermosísima cantada a lo divino que da título al programa.

También sonarán piezas de Arcangelo Corelli, Leonardo Vinci, Jean-François Dandrieu y Domenico Scarlatti. Las obras de algunos compositores franceses e italianos fueron una notable influencia para el compositor español. Desde el último cuarto del siglo XVII, comienzan a circular en nuestro país con cierta regularidad repertorios extranjeros, sobre todo italianas y francesas. La difusión de obras foráneas y la asimilación mayor o menor de sus procedimientos compositivos promueven la formación de una suerte de “gustos reunidos” en la música española del siglo XVIII, en la que conviven elementos formales de tradición hispánica con otros venidos de diferentes países.